La situación actual del psicoanálisis y el proyecto de inserción y trabajo en los distintos campos de la escena social.

La situación actual del psicoanálisis y el proyecto de inserción y trabajo en los distintos campos de la escena social.

(Su repercusión en la sección de psicoanálisis de la AEN)

1-Existe un retroceso general en la sociedad actual respecto a la comprensión en torno a los conflictos que hacen sufrir al ser-diciente.

2-Existe una involución global a nivel planetario del desarrollo del pensamiento, sobre la subjetividad y sus condicionamientos sintomáticos, en el horizonte de un repliegue generalizado a los intereses del capitalismo tardío y la oferta industrial de recursos de obtención de “la felicidad”.

3-Existe un desarrollo incontrolado de la tecno-ciencia que ha dado lugar a la sociedad del consumo, a la promoción de los ejércitos de consumidores-consumidos por la sociedad del espectáculo y por el dominio de los mass-media y la rendición de los ciudadanos al ocultamiento de la verdad que constituye su sufrimiento.

En este imperio de la insatisfacción ocultada por la aspiración al goce sin límites, con su correlato del aumento exponencial de las patologías subjetivas y sus abordajes sanitarios, solo tienen predicamento las terapias de restablecimiento del yo y de la aniquilación a toda costa de los síntomas. Compromiso establecido y asumido por las instituciones de salud mental. Saldo en el discurso sanitario, de la evolución de la sociedad en la época del liberalismo económico, positivismo científico y del pragmatismo utilitarista del capitalismo en la época de la globalización, en su fase histórica más degradante y destructiva de los vínculos sociales.

El discurso analítico sin embargo se ocupa a despecho de este panorama, de lo que no anda bien en el ser que dice sufrir. Se ocupa de aquello que oculta y encubre el aparato yoico, trata de lo inservible, de los restos de la operación de la lengua en la constitución del sujeto, de la pulsión, de la castración, de la verdad que parasita al hombre por el hecho de existir, de que no es posible la satisfacción plena de la pulsión. El psicoanálisis se compromete con las vicisitudes del deseo en su manifestación neurótica insatisfecha, imposible, prevenida y en la psicosis aniquilada.

Por esta condición ética que subvierte los valores y los ideales sociales, el psicoanálisis estuvo a lo largo de la historia rechazado de los círculos culturales y científicos en la sociedad moderna y postmoderna y en consecuencia tuvo que retrotraerse en los gabinetes privados de los analistas.

A su vez, las distintas escuelas psicoanalíticas continuaron atrincheradas en sus discursos herméticos y cerrados al diálogo con otras plataformas de las estrategias de abordaje de la patología psíquica y entre sus propios grupos escindidos dentro de la ciudad psicoanalítica.

En consecuencia, la Sección de psicoanálisis, vinculada a una sociedad «científica», sufre de hecho una contradicción en la práctica, porque en ella se trata de una praxis por fuera del discurso de la ciencia pero que está incluida en una sociedad científica. Contradicción que genera vacilación en sus miembros respecto a su sentido.

No obstante el esfuerzo y la vocación de esta Sección, es la recuperación de las condiciones subjetivas con las que la historia y la inserción del sujeto en el campo del lenguaje y en el vínculo social, le hacen padecer del síntoma, como la expresión de lo real y de las paradojas del goce y el sentido.

Nuestra apuesta es multidisciplinaria y polivalente desde el punto de vista epistemológico. Creemos que las dificultades derivadas de los distintos códigos discursivos y epistémicos se pueden superar con la inteligencia tolerante ante la diversidad del pensamiento. Lo que no implica identidad teórica ni práctica.

A la vista de este análisis general y particular del psicoanálisis en la instituciones sociales, debemos plantear como sentido fundamental del trabajo de la Sección de psicoanálisis, que ésta sea:

  1. Un lugar de encuentro de discursos.
  2. Una plataforma de diálogo y tolerancia, de desarrollo de la teoría y práctica del psicoanálisis en sus diferentes corrientes epistémicos.
  3. Y especialmente un instancia de reflexión y profundización de la aplicación del psicoanálisis a las demandas depositadas en la red de recursos asistenciales públicos. Así como una palanca de movilización del discurso analítico para llevarlo a las distintas instancias donde se genere el pensamiento teórico y práctico que tratan de ordenar las leyes y la trama socio-política de la ciudad.

El compromiso de la Sección de Psicoanálisis de la AEN es fundamentalmente, promover la transformación de los Servicios públicos de Salud mental en lugares donde los analistas puedan establecer las condiciones de escucha de la palabra del sujeto que desvele la verdad de su deseo, de la castración y de sus formas privadas de satisfacción pulsional. Proponiendo al sujeto que dice sufrir, que descubra sus estrategias sintomáticas con las que metaforiza su relación a lo real subyacente.

El acto del analista en la institución tendrá como horizonte subvertir el discurso de la utilidad, de la reconstrucción de las potencias utilitarias y las servidumbres sociales y culturales, en un esfuerzo de decir la naturaleza de su deseo y de la pulsión. Promoviendo la ontopoiesis del sujeto.

Es decir subvertir el discurso del amo por aquel que se ocupa de lo inservible, de lo inútil, de aquello que se desliza como innombrable en los desfiladeros del significante, de la palabra, del discurso.

La misión del psicoanalista tanto en lo privado como en la Institución pública, es la de crear las condiciones y posibilidades para la génesis de un ser desprovisto de la esclavitud de las identificaciones e ideales mortificantes. Desvelando nuevas formas libres de relación del sujeto con la causa de su deseo y sus formas de gozar. Esto en el caso de las demandas de neuróticos.

El analista en la escena social ha de subvertir la respuesta que el sujeto y su medio de pertenencia esperan como liquidación del síntoma;  deconstruyendo la significación del síntoma para que el sujeto acceda a lo real que lo instituye tanto en la dimensión individual como colectiva.

El psicoanalisis llevará al sujeto desde la impotencia neurótica, a vislumbrar en la inconsistencia del discurso, la imposibilidad de su naturaleza sexuada y perecedera. Para que desde su experiencia de la «falta de ser» que implica su alienación significante, genere una alternativa de ser con un discurso de nueva creación. Promoviendo así mismo, las intervenciones de los analistas en los distintos frentes y eventos culturales de la sociedad actual, SS de salud mental, instituciones de enseñaza, organizaciones políticas, culturales y sociales. Es decir, en aquellos lugares donde se trata de reproducir la lógica del discurso del amo, incluyendo o aportando las claves críticas y esclarecedoras del discurso analítico.

Reivindicamos, entonces, para el psicoanálisis el lugar que le corresponde en la escena social: en estos tiempos de embotamiento de la conciencia ciudadana por las ofertas de goce y la intoxicación que la industria promueve con la superproducción de objetos de satisfacción inmediata de la pulsión o de la felicidad.

Restituyamos para el psicoanálisis el papel que Freud y tantos analistas propusieron para el abordaje del sufrimiento de la humanidad en sus distintos niveles y clases sociales. Tanto en la dimensión subjetiva de un dispositivo privado, como en la dimensión colectiva de los dispositivos públicos donde se fraguan las claves de la comprensión del síntoma individual y comunitario. Es decir, el crisol donde se funden y cristalizan los saberes políticos, filosóficos o científicos sobre la condición humana.

El psicoanálisis, el psicoanalista, habrán de estar allí donde el sujeto o los colectivos sociales le demanden, aunque sea tácitamente; cuando la razón no entiende la explicación sociopolítica o científica de los enigmas de la existencia que promueve el Amo globalizado.

Basta de alojarse solamente en las catacumbas del saber para dilucidar lo real del síntoma o enfrentarse al saber del inconsciente.

El psicoanálisis es un patrimonio de la humanidad y así ésta lo ha de entender, si los analistas consienten en ello y cumplen con su legado y compromiso ético de desvelar la verdad que esconde el deber y el sentido de los discursos sociales narcotizantes. Ésta sería la apuesta y el esfuerzo de trabajo de la Sección de psicoanálisis de la AEN en el futuro inmediato.

 

 

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